LOS CERTIFICADOS ECOLÓGICOS: UN REFERENTE DE CALIDAD

¿Cómo podemos saber si un cosmético es realmente ecológico? Podríamos pensar que si lo anuncian en su publicidad, será suficiente… pero lamentablemente, esto no basta.

Y es que hoy en día, cualquier marca puede denominar a sus cosméticos como ecológicos, aunque el porcentaje real de ingredientes naturales que contengan sea mínimo, o aunque dichos productos estén impregnados de químicos. Esto sucede porque aún no existen leyes que regulen de manera oficial la cosmética natural y ecológica, lo que hace que en más de una ocasión compremos un cosmético sin saber que tras ese envase tan bonito pueden esconderse desde ensayos en animales, sustancias sospechosas de ser perjudiciales para la salud, o procesos de fabricación que ponen en peligro nuestro entorno.

Otra opción es aprender a leer el INCI (listado de ingredientes) de cada producto, pero no es fácil descifrar las nomenclaturas de cada ingrediente, ni recabar uno a uno toda la información necesaria para saber si estos son perjudiciales o no.

Entonces, ¿cómo nos aseguramos de manera fiable y comprensible que un cosmético es ecológico? Muy sencillo: guiándonos por los certificados.

Un certificado, es un conjunto de normas que debe cumplir un producto para ser considerado ecológico. Estos son otorgados por organismos independientes surgidos en los distintos países como respuesta a la ausencia de legislación, y su función es la de clasificar los cosméticos ecológicos o naturales en base a unos criterios comunes.

Los certificados no son obligatorios, pero pueden ayudarnos mucho a la hora de decantarnos por un cosmético, y además nos aportan la tranquilidad de saber que estamos comprando con información transparente.

Cada organismo certificador establece sus propias normas, pero todos nos ofrecen unas garantías sobre las implicaciones éticas de los productos que utilizamos. Algunos requisitos comunes que suelen exigir todos los certificados son:

Contener un alto porcentaje de ingredientes de origen natural o ecológico.

No tener en su composición químicos de los que existan dudas sobre sus efectos en la salud o en el medio ambiente.

El uso de procesos de transformación y elaboración respetuosos con el medio ambiente.

La prohibición del uso de tecnologías controvertidas, como organismos genéticamente modificados (OGM) la nanotecnología o la irradiación.

No haber sido testado en animales ni en el producto final ni en ninguno de sus ingredientes.

Una vez obtenido el certificado, a los productos se les otorga un sello con el nombre de la entidad certificadora. Cada producto puede estar certificado por uno o varios organismos, y a su vez, tener uno o varios sellos. Esto nos ayuda a conocer fácilmente qué normas cumple, y así poder decidir libremente y con pleno conocimiento los cosméticos que mejor se adaptan a nuestras necesidades, y, lo que no es menos importante: los que mejor armonizan con nuestra filosofía de vida.

Si quieres indagar más sobre los certificados, te recomendamos que le eches un vistazo a nuestra guía de certificados y sellos, donde podrás ampliar con información más detallada cada uno de ellos.